Cojámonos de las manos y cubrámonos bastante bien los pies

EL COSTO Y PRECIO JUSTO DEL CALZADO

𝐋𝐨𝐬 𝐳𝐚𝐩𝐚𝐭𝐞𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐂𝐨𝐥𝐨𝐦𝐛𝐢𝐚 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐨𝐦𝐚𝐫 𝐜𝐨𝐧𝐜𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐞𝐭𝐢𝐭𝐢𝐯𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐩𝐢𝐝𝐞 𝐥𝐞𝐠𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝.


La dependencia tiene en apuros a los zapateros colombianos, quienes por fin están entendiendo que si no le dan el valor a lo que producen, pocos aguantarán la crisis.

Lo que está pasando no es solamente en Colombia. Los fabricantes de calzado del resto del mundo también están sintiendo el zapatazo de un fenómeno natural, que tuvo como epicentro a China, país que se convirtió en el papá y mamá en producto terminado e insumos del planeta. Quien diga lo contrario que nos explique el porqué del racionamiento de energía y gas; de la caída de las producciones y del voluminoso costo del transporte marítimo, que les está haciendo ver la realidad a quie


nes se acostumbraron a comprar zapatos e insumos baratos, entre otros, en la tierra del Sol Naciente, y ahora no encuentran cómo llenar ese enorme vacío para cumplirles a los clientes, que están sintiendo el alza de precios, para unos escandalosos, para otros consecuencia del mercado, que dejó de ser pasivo; ahora es al son que me toquen bailo, orquestado por el dólar.


Los fabricantes de calzado colombianos deberán estar a tono con lo que son los negocios en el siglo XXI. No hay razón para achacarles a los comercializadores de materiales lo que los mismos zapateros han venido acabando, por la guerra del centavo, por hacerle conejo al fisco, por pagarle lo mínimo a los trabajadores y eludir responsabilidades, que en vez de ayudar al desarrollo del sector lo han venido aniquilando… dejando por el piso el buen nombre de la zapatería, que es, según los empresarios organizados, grandes y pequeños, bendita.

El mal de los zapateros no está de la puerta para afuera, sino del portón para adentro. Comenzando por la mentalidad de que si exijo el precio real del calzado, el comercializador me manda para el carajo. Qué pena. Así como tienen la capacidad para generar maravillosas tendencias de moda, también deben tener el coraje y decisión para darle el costo ideal a los valores agregados, que sólo tienen en su mente y en las manos los zapateros, quienes con un poco más de visión (como lo pregona el director del Periódico El Peletero), lo de genios no será un simple halago, sino una realidad del desarrollo empresarial, al cual sólo le falta más responsabilidad; sin exagerar, como para hacer temblar a cualquier gobierno, por el impacto económico y social, que hoy es invisible, mañana, con organización, los zapateros serán ejemplo de expansión industrial.

Los micros, famis y pequeños fabricantes de calzado, por tradición, tienen sus talleres en los barrios, en los que algunos han hecho fortunas, por hacer respetar lo que producen, con calidad y precio.

Quienes le apuestan al me gano 2, 3, 4 y 5 mil pesos en par, y dependen de los comercializadores (quienes les compraron la maquinaria y los tienen trabajando), nadie se atreve a decir hasta cuando sobrevivirán en la actividad, por recibir ingresos apenitas para medio sostenerse, mantener operarios y cancelar servicios públicos. ¡Ese no es negocio, señoras y señores!


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