Negocios ascenderían a 1.500 millones de dólares en 2022

COMERCIO BINACIONAL:

LA BONANZA ESTÁ POR LLEGAR

Alimentos y vestuario, los artículos que más adquieren en la frontera

Los habitantes de la frontera colombo-venezolana esperan el anuncio oficial de la reapertura del comercio binacional, que desde hace 23 años se semicerró, desde hace 13 es un estira y encoge y desde el 2015 se paralizaron los negocios, por la prohibición del presidente Nicolás Maduro del paso vehicular entre las dos naciones; la gente solo puede ir y venir a pie.

Hoy, la frontera de 2.200 kilómetros son trochas por donde transitan miles de ciudadanos con bultos en sus hombros y en la espalda, especialmente comida y artículos de primera necesidad, como zapatos, ropa y medicamentos.

Imperan la ilegalidad y la inseguridad. Impera la ley del más fuerte: el paso como sea, por donde sea y a la hora que sea, es la consigna.


HUMANIZACIÓN…

La situación que vivimos, es caótica. “Estamos siendo esclavos de los problemas políticos, a los que les sumaron la economía, y los ‘paganinis’ somos nosotros, a quienes, lloviendo o haciendo sol, nos toca exponernos a viajar a Cúcuta, a la Guajira y a Riohacha, a cualquier pueblo o caserío, donde encontramos lo esencial y después volver a nuestro territorio”, se les escucha a los miles de hombres y mujeres venezolanos, de todas las edades, quienes están pagando sus pecados en vida. Pareciera una maldición, expresan quienes le comieron cuento al coronel Hugo Chávez (q.e.p.d.), quien les prometió un cambio social y lo que hizo fue meterlos en un infierno, del cual no saben cuándo saldrán, porque su sucesor, el hombre del Pajarito… Nicolás Maduro, está aferrado al poder.


DE LA MANO

Colombia, a través de la historia, ha sido el súper socio comercial de Venezuela.

Es tan importante la alianza que, antes del golpe de Chávez, se manejaban transacciones que superaban los 6-8 millones de dólares anuales, de los cuales el 90 por ciento beneficiaba a la industria y comercio de Colombia.

Fue una bonanza fantástica, el petróleo daba para todo, los venezolanos vivían con muchos lujos, contrario ahora, que están sumidos en la pobreza y buscando refugio, mientras Maduro entrega el mando, para volver a su Patria, dispuestos a ser productivos, a poner a funcionar lo que aprendieron lejos de su terruño.

“No sabía hacer zapatos, ni ropa, y aprendí estos artes”, manifiestan los venezolanos que habitan en Colombia, donde además se volvieron expertos en gastronomía y otros oficios, como la construcción y la agricultura.

A partir del 7 de agosto, las relaciones comerciales entre Colombia y Venezuela tendrían un capítulo tranquilizante, por los guiños que ha hecho el nuevo presidente Gustavo Petro, quien, sin misterios, ha manifestado que hará acercamientos rápidos para que los negocios tengan a corto plazo una dinámica diferente a la que se está viviendo.

Gradualmente se buscará que el intercambio comercial, por las vías legales, comience a funcionar, y para ello es necesario que Maduro desmonte las barricadas que tiene sobre el Puente Simón Bolívar, para que haya tránsito libre y de esta manera puedan ingresar a territorio venezolano las tractomulas cargadas de alimentos, manufacturas, calzado, ropa y demás artículos provenientes de Colombia, que serán cancelados en dólares.

En los próximos 5 meses, Colombia le vendería a Venezuela artículos por valor de 1.200 millones de dólares, por lo tanto se augura un remate de temporada fenomenal.

La dolarización en Venezuela les está generando buenos dividendos a los industriales del calzado, confecciones y afines colombianos, quienes se están dando el lujo de no despachar ni un par de zapatos ni un pantalón hacia otras regiones, todo lo están adquiriendo los comerciantes y consumidores venezolanos, quienes pagan por anticipado y a precios atractivos.

Tanto así, que algunas empresas de calzado y vestuario con sede en Bogotá, Bucaramanga, Cali y Medellín, han abierto sucursales en la capital de Norte de Santander.

Los negocios de zapatos y ropa en Cúcuta, en su mayoría son invisibles: la informalidad es el común denominador. Por tal razón, hoy no es fácil manejar cifras concretas. Lo único cierto es que en la ciudad y su área metropolitana, los pequeños talleres de calzado y ropa están operando, generando mucha mano de obra para los habitantes del sector y para los venezolanos, que madrugan a laborar. Las microempresas ‘motilonas’ les tienen lo que necesiten los vecinos, quienes son buenos compradores.

Cúcuta es, por excelencia, la capital de los negocios fronterizos. En cualquier época, los industriales de la moda y los comerciantes de alimentos les suministran a los venezolanos lo mejor; es una tienda extendida, en la que los visitantes encuentran desde una aguja hasta la última tendencia en zapatos y vestidos. Al igual que alimentos, que son lo primero que adquieren.



BUENA PROPUESTA

El propósito de restablecer las relaciones comerciales con Venezuela es, según expertos, un acierto del próximo presidente de Colombia, quien la tiene clara: moviendo la economía e impulsando empleo, se saldrá de la dura situación… se mitigará el hambre. Lo primero, es garantizar negocios sostenibles, que fortalezcan la maltrecha calidad de vida, que tiene a más de 31 millones de colombianos consumiendo sólo un plato de comida al día, si acaso.


REGLAS CLARAS

Las relaciones comerciales entre colombianos y venezolanos deben tener como punto de partida la paz en la frontera, que es básica para que luego de 7 años de negocios sin control, arranque un nuevo capítulo económico, que le traerá enormes ganancias a Colombia, no tanto como las del pasado, pero sí importantes para que las pequeñas industrias de calzado y ropa, entre otras, vuelvan a retomar el ritmo, que le abrirá puertas al empleo (al destajo), que es el que predomina en la zapatería y las confecciones.

Es tan halagador el plan de la reapertura comercial, que inversionistas de Colombia están adquiriendo casas, apartamentos, bodegas y predios en Venezuela.


PASO ADELANTE

Allí, comentan los inversionistas, habrá buenas oportunidades de negocios, siempre y cuando no le mezclen política al programa, que se madurará en mesas de trabajo, en las que voceros de ambas partes establecerán la metodología y bajo qué condiciones se firmará el compromiso, que promete ser histórico. Colombia y Venezuela están a punto de concretar lo que parecía imposible: darle vía libre al comercio binacional, considerado como el gigante del área. Los negocios que manejan colombianos y venezolanos muestran cifras envidiables. Habrá que aprovecharlas al máximo.


GRAN ILUSIÓN

La pequeña economía colombiana, liderada por los zapateros y confeccionistas, al igual que por los proveedores de alimentos y medicamentos, está cerca de reconquistar un mercado que ha sido muy nuestro, como el venezolano, que con dólares y pago al contado, podría engrandecer la industria de Colombia, que requiere comercializadores y consumidores de talla. Y lo tenemos… se llama Venezuela, que produce poco y consume demasiado.

A los venezolanos les encanta calzar y comercializar zapatos hechos con manos colombianas y lucir las últimas tendencias de moda en ropa, fabricados por su vecino, al igual que por productores del barrio Restrepo de Bogotá y de otras regiones del país, quienes preparan colecciones para el fin de año.


UNA TAREA

Si Gustavo Petro logra que el comercio binacional marche con seriedad, orden y cumplimiento durante sus 4 años de gobierno, las transacciones comerciales con los venezolanos alcanzarían los 32 millones de dólares.

No hay que olvidar que Venezuela le hizo ‘conejo’ a Colombia con millonarios pagos, y que más de uno le sacó el máximo provecho al famoso carrusel, que enriqueció a unos y dejó en bancarrota a otros, lo cual creó demasiada desconfianza. Por eso las reglas deberán ser explícitas en esta reapertura, que no deberá demorar tanto.

El nuevo gobierno de Colombia deberá tener buena química, no solo con Venezuela, sino con Ecuador, Perú, Guatemala, Costa Rica, Nicaragua y Panamá, que también son bien importantes en aspectos comerciales.

Ellos no fabrican los mismos volúmenes de calzado y ropa que Colombia, entonces son excelentes compradores de los artículos hechos con manos colombianas.

En las actuales circunstancias de los mercados, es más conveniente incrementar los negocios con quienes nos une no solo la vecindad, sino por costos y hermandad.

Ecuador y Perú son aliados estratégicos de los industriales del calzado y vestuario de Colombia, tanto en productos terminados, como en insumos y tecnología.

Aunque Estados Unidos también lo es, la realidad es que los que adquieren bienes y servicios son los vecinos, con quienes hasta en el lenguaje nos identificamos, lo cual facilita negocios rápidos.




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