Que el Gobierno se pronuncie sobre la dura situación, dicen los empresarios

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Los comercializadores de insumos, según los fabricantes, tienen una alta responsabilidad en lo que les está pasando, por las exageradas alzas, hasta más de 100 por ciento, en el precio de suelas, pegantes, odena, sintéticos, cueros y en lo que se requiere para fabricar zapatos



Los comercializadores del producto final están entendiendo por qué los fabricantes le están aumentando el precio al calzado, que termina pagando el consumidor, pero se están encontrando con otra sorpresa: los productores no están dispuestos a despachar pedidos si no les cancelan al contado y las ganancias no son dignas, con un agravante: no hay suficientes operarios para cumplir con los pedidos, por lo que la meta de confeccionar entre 25 y 30 millones de pares de calzado en la recta final del año está en veremos.

No hay duda que lo más delicado es la subida del precio de los insumos, que nos modificó los planes, expresan los micro y famicalzadistas, quienes son conscientes de que la informalidad los distancia cada vez más de la competitividad, mientras que los organizados tienen más trabajo, por las garantías de cumplimiento que le ofrecen a los comercializadores y a los trabajadores.


DURA REALIDAD

Entender la problemática de la industria del calzado y afines de Colombia, es bien complejo. Los empresarios la tendrán que interpretar a las buenas o a las malas; de no ser así, la zapatería quedará en manos de unos pocos, en quienes han entendido que esta industria, manejada y orientada como empresa de la moda, que es indispensable en la sociedad, es lucrativa, si se le da la disciplina y el orden que requiere; de lo contrario, las angustias continuarán siendo la piedra en el zapato, principalmente para los ‘chuceros’ (talleres).

Los fabricantes que se ciñen a las normas han encontrado mercados importantes (hoy no tanto, como antes), por la pandemia que los está llevando a ser metódicos para no meter la pata, en un camino largo y culebrero, que no perdona ni perdonará a quienes consideran que hacer zapatos es un pasatiempo, y no un arte, en el que la ciencia y la tecnología piden pista, por las exigencias de los consumidores, quienes al observar tanta variedad virtual, no quieren lo que ven, sino lo que ellos consideran que les queda bien.

La zapatería colombiana está en transición. Eso se veía llegar. El cambio inesperado lo aceleró el virus que apareció el 5 de marzo del 2020, en territorio chino, que hace y hará estragos, que son evidentes: a la caída de las producciones se sumó la escasez de materiales, que se maneja al ritmo del dólar y las dificultades en el transporte marítimo, que tienen en vilo a los fabricantes de zapatos en Colombia, que le solicitan al gobierno una atención especial. Muchos fabricantes consideran que los comercializadores de insumos están aprovechando para subirle el precio día a día a lo que ellos requieren para producir, por lo que debería haber un control, según los fabricantes, quienes deberán entender que la comercialización de insumos para calzado la ejercen empresas de carácter privado.

Los productores de calzado estaban en manos de los comercializadores, quienes imponían precios y formas de pago, lo cual es imposible con la actual situación, que los está obligando a un cambio extremo o se exponen a salir del mercado por el desorden, la informalidad y carencia de herramientas para reclamar sus derechos, como protagonistas de esta industria, que se caracteriza por apostarle a lo que mejor les parezca, de ahí la inestabilidad, que los tiene en ascuas, además por la poca mano de obra calificada… los operarios que saben del oficio han acogido otros quehaceres, decepcionados por los pírricos salarios (ingresos al destajo), que no compensaban el esfuerzo por ser especialistas en guarnición, corte y montaje, que es lo que más se necesita hoy.


SILENCIO SEPULCRAL

El Gobierno no se pronuncia sobre nuestras dificultades, manifiestan los zapateros de Bucaramanga, Cúcuta, Cali, Medellín, Ibagué, Armenia y Bogotá, quienes hacen plantones para que las autoridades los escuchen.

Lo de la pandemia se convirtió en disculpa, para que los comercializadores de materiales eleven los precios cuando quieren, con el argumento de que no hay insumos en China y que las importaciones se dispararon por la falta de transporte marítimo y de contenedores, agregan los zapateros.

Quienes venden materiales para la industria del calzado y afines, señalan los fabricantes de calzado, son los que más han obtenido ganancias durante la pandemia: aprovecharon el furor de los tapabocas, ahora los millonarios ingresos de los zapateros, que pagan lo que sea para mantenerse.

La zapatería fue buena hasta cuando los insumos tuvieron costos asequibles. Ganábamos todos, así fuera poco. Ahora hay que pensar a qué valor se vende, para evitar pérdidas. Que era lo que el comercializador de calzado se resistía a entender y está asimilando, al igual que el pago de contado, de lo contrario no tendrán mercancía y deberán cerrar almacenes y tiendas, dicen con nostalgia quienes confeccionan calzado.



¿VENTA O CONSIGNACIÓN?

Increíble, dicen los zapateros: tuvimos que esperar más de 30 años para que comercializadores y fabricantes entendiéramos que este es un negocio de doble vía, en el que si no ganamos lo justo, unos se enriquecen y otros desaparecemos, por no haber conciencia de que la fabricación de calzado es como cualquier negocio… se invierte para ganar, no para fiar y perder, por el maldito resabio de que si vendo, le pago; y si le cancelo al contado le aplico un 5 por ciento menos del valor acordado.

Además, el fabricante tiene que cargar con los pares muertos… llevarse las puntas (el zapato que no se vende), lo cual no es una compra, según la figura, sino una mercancía en consignación.

El virus, en medio de su fatalidad, les está dejando enseñanzas a los zapateros, que creen sabérselas todas; le sacan el cuerpo a la preparación académica, que es indispensable en la globalización de mercados, en el que no basta con ser experto en tendencias de moda; es necesario saber idiomas y el cómo se vende calzado en dólares y en euros. El que conozca los nichos de mercado, sin intermediarios, es hoy un triunfador. Los comercializadores, en su mayoría, quieren hoy acordar pedidos directamente con el fabricante de zapatos, por aquello de los descuentos y otros elementos que solo manejan los compradores mayoristas y fabricantes, cara a cara. Lo cual acorta trámites y agiliza los procesos de producción, que no admiten desfases por los requerimientos del mercado, que no cuenta con el suficiente calzado para atender a los consumidores.


ASEGURADOS…

El testimonio de los fabricantes de calzado evidencia la importancia que tiene el sector a nivel nacional e internacional.

Tengo fijos los pedidos de fin de año, le dijo al Periódico El Peletero: 25 Años, un zapatero del barrio Restrepo, quien tiene programados 6 mil pares, de aquí a diciembre, luego de ponerse de acuerdo con los comercializadores en las formas de pago y fechas de entrega.

Lo primero que hice fue rodearme de un buen equipo de trabajo. Me senté con los guarnecedores, soladores, cortadores y finalizadores y les dije: Ustedes han trabajado durante varios años conmigo. Necesito que me digan con sinceridad si están dispuestos a laborar duro y parejo, bajo las siguientes condiciones: Buenos sueldos, obra bien paga. Nadie dijo no. Por eso estoy tranquilo, dijo.

Lo de los precios de los materiales también lo manejé mediante un diálogo directo con los peleteros. Ellos, los comercializadores, me tenían números respecto al porqué el nuevo precio del calzado. Yo les respondí con argumentos del porqué era inevitable subirle a los zapatos; que los costos de los materiales habían incrementado y que como veníamos negociando no era posible continuar. Entendieron mis razones, acordamos nuevos valores y pa’lante… a trabajar, no hay tiempo que perder, manifestó el productor de calzado, a quien le están llegando nuevos pedidos, pero él, como un zapatero responsable, les está diciendo: por el 2121, no.

El cupo de producción está lleno. No tengo tiempo para reposiciones. El plan está diseñado para fabricar solo curvas (series completas).


VENTAS ASEGURADAS

¿Por qué los comercializadores de Medellín, Cali, el Eje Cafetero y la Costa están haciendo importantes pedidos de calzado, básicamente en el barrio Restrepo de Bogotá?

El calzado que fabrican en Cúcuta lo están comprando los comercializadores venezolanos, quienes pagan 5, 10, 15 y 20 mil pesos más por par. A los fabricantes de calzado de Norte de Santander, a quienes los mortifica el alza desmesurada de los materiales que surtían el mercado nacional, se les aparecieron ‘San Crispín y San Crispiano´: los vecinos de Venezuela, sin hacer extensos recorridos, les están adquiriendo los zapatos que produzcan a los fabricantes organizados y a los talleres que pululan en la Capital de los Motilones, por lo que la mayoría clausuraron, por este año, los pedidos a nivel nacional.

Lo mismo está pasando en Bucaramanga. Los fabricantes les están vendiendo los zapatos a los venezolanos, al contado.

El calzado colombiano tiene un excelente mercado en la frontera. A los venezolanos les encantan los zapatos del vecino, y en medio de las dificultades, los mayoristas los compran en Colombia, porque hay poder adquisitivo en su país, que en otras circunstancias, como en el pasado, sería el primer comprador de artículos colombianos.



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