Será la única salida para que los tengan en el radar

ZAPATEROS, A LEGALIZAR MARCAS

Registro mercantil y RUT, lo primero que deberán gestionar los micro empresarios.


Que detrás de cada fachada hay productores de calzado en el Barrio Restrepo Ampliado de la Localidad de Antonio Nariño de Bogotá, es una realidad oculta, que solo ven quienes ejercen este noble arte y los que les compran sus artículos, porque las autoridades encargadas de descubrir emprendedores, no aparecen en los sectores donde brilla el talento y los deseos de dar el paso adelante haciendo zapatos.


Producir calzado, artesanalmente, no es una tarea fácil, se requiere paciencia, persistencia y pasar por una serie de pruebas; es como un test… quienes lo pasen se enfrentarán a toda clase de retos, comenzando por cómo producen por no tener dinero contante y sonante para comprar materiales.

El zapatero es un actor de primera, pero no le reconocen su categoría, que va más allá de armar una capellada y pegar una suela. Antes piensan en su marca, se inspiran en el nombre de un hijo, de la esposa o de algún familiar para poner a andar el proceso, colocándole: Calzado Chispitas… Calzado Bonita, que con el pasar del tiempo se convierte más en romanticismo, que en realismo; resulta siendo satélite de los comercializadores, y su marca, con la que soñó, es un recuerdo… pasajero.

Eso les pasa al 98-99 por ciento, a la base de la zapatería, que no figura en el radar estatal, que los desconoce por no saber cuántos fabricantes de calzado existen en el país. En Bogotá, tenemos un millón de zapateros, dijo Hugo Rodríguez, y podrían ser más, por ahí pasa la cuenta, expresó Ricardo Medina.

Los zapateros, que por tradición tenían sus centros de producción en el Restrepo, han ido migrando hacia las periferias de la ciudad (ciudades), huyéndole a los impuestos, a los altos arriendos y servicios públicos, de los cuales son víctimas. Es mejor estar lejos, donde nadie nos mire, dicen quienes dejaron el barrio de los zapateros (el Restrepo) para poder sostenerse en el mercado.

Estén donde estén, les ha llegado la hora de dar la cara si quieren que los incluyan en la horma del Plan de Desarrollo del gobierno. La única salida será legalizar sus marcas, inscribiéndose en la Cámara de Comercio y sacando el RUT, que los identificará como actores de la productividad.

Eso los hace visibles. Después, a medida que vayan creciendo, irán adquiriendo responsabilidades tributarias, que no tendrán reversa en el próximo gobierno, que los apoyará, pero bajo condiciones de juego limpio.

De no ser así, continuarán siendo fantasmas de la industria de la moda. ¡Zapateros, a legalizarse!, es el lema. Entonces, a llenarse de valor, nada de miedos, y a engrosar las filas de la economía visible, que es exigente, pero garantiza crecimiento sostenible; se quitarían de encima el yugo de los súper comercializadores, que les sacan el jugo, pagándoles pesos para que les produzcan con sus marcas, sin prestaciones y respaldo de salud, por cuenta y riesgo, situación que, en vez de mejorar su calidad de vida, los enferma, a tal punto que los margina de los negocios por no tener marcas posicionadas, reconocidas, que inviten a los consumidores a comprarles.

“Me voy a dar la pela, me voy a legalizar… voy a registrar mi fábrica en la Cámara de Comercio y a gestionar el RUT. Así podré pedirle ayudas al Gobierno; exigirles precio y pagos oportunos a los comercializadores, quienes aprovechan nuestra ilegalidad para manipularnos”, manifestó un micro-zapatero, quien se dio cuenta de que comercializando directamente lo que fabrica ha obtenido ganancias que le permiten crecer en el mercado y pagarles más del salario mínimo a los operarios.

La industria de la moda, que reúne a curtidores de cuero, zapateros, marroquineros y afines; textileros, confecciones y similares, legalizada, será más, sin exagerar, que el petróleo. Es demasiado lo que mueve en la economía y el empleo, pero está diezmada por vivir escondida.

Por eso, pocos le reconocen su valor. Los zapateros y confeccionistas, como lo demostraron el 13 de junio de 2013, cuando marcharon desde el barrio Restrepo, San Benito y otros sectores de Bogotá, hasta la Plaza de Bolívar, la cual llenaron y los recibió el hoy presidente electo Gustavo Petro, en aquel entonces alcalde del Distrito Capital, tienen el potencial para contribuir a recuperar el empleo. Por eso no se rinden.

Petro, lo sabe. Por eso durante su campaña hizo mucho énfasis en la importancia de los zapateros y confeccionistas en el desarrollo industrial. Él es consciente de que los actores del sistema moda son capaces de apoderarse de los mercados, pero tendrán que demostrarlo, legalizándose; de lo contrario, pasarán otros cuatro años y continuarán de lamento en lamento.


Luis Fernando Velasco, defensor de los zapateros y confeccionistas, podría ayudar en el fortalecimiento, lo mismo que Alfonso Prada, que ha sido testigo de la capacidad de estos industriales, que en el caso de Bogotá, están instalados, la mayoría, en el sur de la Capital.

En Bucaramanga, en el barrio San Francisco y el Área Metropolitana; en Cali, en el Barrio Obrero, en Cúcuta en los sectores populares, lo mismo que en Medellín, Ibagué, Armenia, Pereira y Pasto. Los pequeños zapateros, por tradición, son protagonistas de los estratos cero a tres.

Velasco y Prada, que le hablan al oído a Petro, serán fundamentales en esta misión, por ser mano derecha del Presidente, a quien los micro y fami empresarios de la moda no le piden que les regalen nada, simplemente que los tenga en cuenta dentro de la agenda económica, con recursos, que les permita crecer y competir, siempre y cuando el Estado le pongan el cascabel al gato, persiguiendo por aire, tierra y mar a los contrabandistas y las importaciones ilegales.

Lo que preocupa es que en las mesas de trabajo de Bogotá que propone el presidente Gustavo Petro, es poco lo que se dice para sacar del anonimato a los zapateros y confeccionistas.

Por el sector zapatero, compartimos mesa de trabajo (coordinada por Carlos Julio Agudelo) con Eduardo Céspedes (vendedor de calzado); Lena Campo y Arvey Walteros, prestadores de servicios del barrio Restrepo (La Casa del Troquel), y se evidenció que, por la informalidad, pocos quieren dar la cara para buscar nuevos derroteros para el sector.

Vendrán nuevas reuniones a nivel de Localidades y se espera que haya más actores proponiendo soluciones para la industria del calzado, no solo de Bogotá, sino del resto del país.

UNAMOS LA CADENA


Los zapateros y confecciones tienen que estar unidos

TEJIDO EMPRESARIAL, SIEMPRE DE MODA



Las pasarelas de los recintos feriales deberán estar repletos de expositores.

Reconquistar los mercados, es la nueva misión de los actores de la industria de la moda de Colombia, que hasta el 2008 estuvieron de luna de miel con los comercializadores y consumidores de calzado y ropa, pero que comenzó a debilitarse por el ingreso descomunal de artículos foráneos, no sólo de China, sino de otras naciones, que encontraron un mercado débil, no en calidad, sino en precios, y aprovecharon la situación para dejar en la cuerda floja a los fabricantes locales, que no tuvieron respuestas competitivas, lo cual se está evidenciando, situación que los obliga a desfilar de manera colectiva, o sea, unidos para que el tejido empresarial del sistema moda vuelva por sus fueros.

La moda es una sola: no zapateros por un lado y confeccionistas por otro, como si el cuerpo de la gente estuviera dividido en dos. Antes se decía con orgullo llegó la ¡Semana de la Moda de Bogotá!, pero salió del calendario. En ella estaba la cadena en pleno: curtidores de cuero, zapateros, marroquineros, insumos y tecnología; textileros, confeccionistas y afines, que ocupaban la totalidad de los pabellones de Corferias, lo cual se añora hoy, porque los zapateros hacen su evento y los confeccionistas organizan su certamen en el Centro de Exposiciones de Medellín, cuando deberían estar cogidos de manos y pies, sin egoísmos ni intereses particulares, por el bien del sector que más empresas tiene, como es el de la moda, que es campeón en la generación de puestos de trabajo y pago de impuestos.

Me atrevo a decir, manifestó un empresario, que los confeccionistas duplican a los zapateros. Veamos por qué: además del vestido, producen camisas, camisetas, ropa interior, medias y accesorios, mientras que los fabricantes de calzado solo fabrican zapatos, botas, botines y artículos en cuero, por eso son muchos más los confeccionistas, y añadió: Ha llegado el momento de que la industria de la moda se integre para demostrarle al Gobierno su grandeza en el desarrollo industrial.

Esto quiere decir que es necesario revivir la Semana de la Moda de Bogotá, que no podrá ser vista como una competencia de Colombia Moda de Medellín, que es atractiva y vendedora, sino como un escenario más para incrementar las ventas de las prendas hechas con manos colombianas.

Quienes exponen en Colombia Moda, también deben lanzar sus colecciones en la Semana de la Moda de Bogotá, de Cali, Barranquilla, Cartagena o Ibagué, para que los comercializadores de los 32 departamentos elijan qué ofrecerles a los consumidores. Así, se fortalecerá el sector y se contrarrestará el contrabando; no es ningún secreto que la ropa extranjera tiene arrinconados a los empresarios colombianos, que no se dan por vencidos… con estrategias y buenos productos, quieren echarse al bolsillo a los compradores, que se han dado cuenta de que lo barato no dura, que es mejor lucir lo fabricado en nuestra tierra.

Para integrar la cadena de la moda, se necesita voluntad, que los propietarios de los recintos feriales se pongan en los zapatos y ropa de los expositores, en los cobros de arriendos, y que el gobierno central se meta la mano al bolsillo subsidiando a quienes buscan reconquistar la clientela, que se traducirá en más empleo y recursos para el Estado.





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