Miles de venezolanos están regresando a sus casas
- El Motilón
- hace 5 horas
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INCERTIDUMBRE EN LA FRONTERA
La caída de Nicolás de Maduro está creando confianza en la productividad

DESPUÉS de 26 años de un gobierno chavista, la zozobra del destierro pareciera haber llegado a su final en Venezuela.
Bastó que el presidente de Estados Unidos mandara por Nicolás Maduro, quien hizo caso omiso a la orden de Donald Trump de dejar por las buenas el Palacio de Miraflores, para devolverle la democracia al país más poderoso en producción de petróleo.
El hombre del pajarito, quien se soñaba con Hugo Chávez, que le cantaba en sus oídos, hoy está enjaulado en una cárcel de máxima seguridad en territorio estadounidense, donde le esperan 20 años de prisión o cadena perpetua.
Sea lo que sea, Maduro fue reemplazado por Delcy Rodríguez, quien está atendiendo las órdenes de Mister Donald, quien ha comenzado a recuperar las millonarias inversiones que hizo Estados Unidos durante los últimos 26 años, en petróleo, tras la expropiación de Chávez, quien sacó como pepa de guama las plantas de tratamiento y ahora van a invertir más millones de dólares para recuperar lo que les pertenece y garantizarles a los venezolanos alimentación, salud, trabajo y calidad de vida.
El cronograma es manejado por Trump, con el fin de que no haya fraudes y desvíos. Esa transición no se dará de la noche a la mañana, será poco a poco, deberán recuperar muchas cosas para hacer una vez más del petróleo un negociazo, cortándole el chorro a los chinos y a los rusos, el petróleo nos pertenece, dicen en Estados Unidos.
La pregunta del millón es: ¿Estados Unidos quería terminar con la dictadura de Maduro o recuperar sus inversiones en petróleo?
A primera vista, Nicolas Maduro no era el gran objetivo, pero había que encerrarlo para poner la casa en orden y de paso dar una lección: quien se atreva a imponer dictaduras, corre el riesgo de terminar bajo tierra o de ser encerrado, por generar pobreza y muchas cosas más.
Venezuela, bajo el régimen chavista, pasó de la riqueza a la miseria. Millones de personas migraron en busca de una mejor suerte y Colombia tuvo que recibir a muchísimos vecinos, quienes aprendieron a trabajar, a fabricar zapatos, ropa, alimentos y otros oficios, conocimientos que aprovecharan para hacer empresa, dar empleo y realizar negocios importantes con sus compatriotas y los colombianos.
Venezuela, hasta antes del gobierno chavista, era un consumidor fijo: le compraba a Colombia alimentos y vestuario. A diario cruzaban por el puente internacional en Cúcuta, unos 1.500 contenedores, recuerdan quienes realizaban negocios: llevaban y traían mercancías vía Maicao.
Era tan grande la bonanza, que a lo largo y ancho de los más de 2 mil kilómetros por donde fluía la riqueza, había plata hasta para lanzar al aire.
Llegó Chávez y todo se acabó. Comenzaron los intercambios, pero entre tramposos, que pasan el mismo artículo varias veces, en lo que se llamó el famoso carrusel, del cual existe, según investigadores, una extensa lista de comerciantes de zapatos y vestuario, que estuvo a punto de ser desarchivada, antes de la muerte de Chávez, y con Maduro se mantuvo en secreto.
El adiós de Maduro es el revivir del desarrollo económico de los empresarios de Norte de Santander y del centro del país, que tienen demasiado que ofrecerles a los venecos.
Decir que el intercambio comercial se normalizó, es mentira: los consumidores están comprando de acuerdo a sus necesidades y poder de gasto. Eso sí, se nota el movimiento. Los fabricantes y comerciantes de calzado y ropa están reactivando sus plantas de producción para aprovechar que los venezolanos compran en dólares.
Pero no todo es color de rosa. La guerra de precios tiene revolucionado el comercio, el que más barato dé, vende lo que tenga. Cúcuta, en poco tiempo, volverá a ser la capital de los negocios, dicen los comerciantes que aguantaron toda clase de vejámenes de la guardia venezolana y de la delincuencia, que hacen su agosto en las trochas y en los pasos obligados por donde pasan los artículos de primera necesidad.
No hay duda de que la caída de Nicolás Maduro beneficia a Colombia por varias razones: 1. Miles de venezolanos regresarán a su nación. 2. Serán compradores masivos de productos colombianos. 3. Habrá disciplina comercial. 4. Volverán los intercambios. 5. Los Santanderes recuperarán un excelente mercado de la industria de la moda.
En fin, todo está por verse. Lo único cierto, es que Donald Trump mostró su mano dura y le dejó un mensaje al mundo: el que no me obedezca, lo mando a recoger.
Así es que estemos preparados: ¿cuál será el próximo presidente o intocable que irá tras las rejas porque Trump amaneció con el mico al hombro?


