DE COMERCIANTE A EMPRESARIO:
- Erwin Ureña
- hace 1 día
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EL VERDADERO CAMINO DE LA FORMALIZACION
LA informalidad empresarial continúa siendo uno de los mayores retos para el desarrollo económico de Colombia. De acuerdo con las cifras del DANE, más de la mitad de la población ocupada trabaja en condiciones de informalidad. Esta realidad no solo limita las oportunidades de crecimiento de miles de personas, sino que también afecta la competitividad de las empresas que cumplen con la ley. Para comprender este fenómeno es importante diferenciar dos tipos de informalidad. LA PRIMERA corresponde a quienes no cuentan con las condiciones para formalizarse. En este grupo encontramos vendedores ambulantes y trabajadores independientes que sobreviven gracias a sus ingresos diarios. Su acceso a la seguridad social es limitado, enfrentan una alta inestabilidad laboral y cualquier enfermedad o calamidad puede comprometer el sustento de sus familias. Aunque su actividad económica es pequeña, también contribuyen a dinamizar el comercio local mediante la compra de insumos y el consumo de bienes y servicios. EL SEGUNDO grupo está conformado por quienes sí tienen la capacidad de formalizarse, pero deciden no hacerlo. Son comerciantes que cuentan con un local, una bodega o una oficina y desarrollan una actividad económica estable, pero operan al margen de las obligaciones legales y tributarias. Esta decisión genera una competencia desigual frente a quienes sí asumen los costos propios de la formalidad. LA METAMORFOSIS DE COMERCIANTE A EMPRESARIO A lo largo de mi experiencia profesional he observado que la mayoría de los empresarios recorren un camino muy similar. Generalmente comienzan siendo excelentes operarios o comerciantes con un amplio conocimiento de su oficio. Motivados por la necesidad o por el deseo de independencia, deciden iniciar su propio negocio. En la primera etapa suelen pertenecer al régimen simplificado o no responsables de IVA, que les permite operar con menores obligaciones tributarias. Sin embargo, esta condición también limita su rentabilidad, ya que el IVA pagado en las compras se convierte en un mayor costo para el negocio. Erwin Ureña Rivera Con el crecimiento de las ventas llega una segunda etapa: convertirse en responsable del IVA y asumir nuevas obligaciones tributarias, contables y fiscales. Posteriormente, cuando el volumen de operaciones aumenta de manera considerable, la actividad económica deja de ser conveniente para una persona natural. En ese momento surge la necesidad de proteger el patrimonio personal mediante la constitución de una empresa, generalmente bajo la figura de una Sociedad por Acciones Simplificada (S.A.S.). Esta transición no debe realizarse de manera improvisada. Requiere una planeación financiera adecuada, estabilidad en el flujo de caja, una estructura clara de costos y gastos, así como la capacidad de cumplir oportunamente con las obligaciones legales. Ser empresario implica asumir responsabilidades como: Cumplir con las obligaciones tributarias nacionales y territoriales. Realizar correctamente los aportes al Sistema de Seguridad Social. Implementar el Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo. Cumplir con toda la normatividad laboral. Facturar electrónicamente. Generar la nómina electrónica. Por esta razón, convertirse en empresario no consiste únicamente en abrir una empresa; significa construir una organización sostenible capaz de crecer y mantenerse en el tiempo. LA FORMALIDAD FORTALECE LA COMPETENCIA Cuando una empresa decide mantenerse en la informalidad reduce artificialmente sus costos al omitir obligaciones laborales, tributarias y de seguridad social. Esto le permite ofrecer precios inferiores, pero genera una competencia desleal frente a quienes sí cumplen con todas las normas. Los recursos provenientes de los impuestos financian infraestructura, educación, salud y programas de desarrollo empresarial que benefician a toda la sociedad. De igual manera, los aportes al sistema de seguridad social garantizan protección para los trabajadores y sus familias. La formalización no debe entenderse únicamente como una obligación legal, sino como una inversión en el crecimiento del negocio. Una empresa formal tiene mayores posibilidades de acceder a financiación, establecer relaciones comerciales con grandes compañías, participar en convocatorias públicas y privadas, fortalecer su reputación y generar confianza entre clientes y proveedores. SER VISIBLE TAMBIÉN GENERA OPORTUNIDADES Muchos emprendedores consideran que formalizarse significa únicamente pagar impuestos. En realidad, representa mucho más que eso. Llevar una contabilidad organizada y un adecuado control tributario. Cumplir con las disposiciones propias de cada actividad económica. Formalizar un negocio abre las puertas al acceso a programas de fortalecimiento empresarial, capacitaciones, ruedas de negocios, acompañamiento institucional y diversas oportunidades ofrecidas por entidades como las Cámaras de Comercio y las Secretarías de Desarrollo Económico. Por el contrario, permanecer en la informalidad limita el crecimiento del negocio, dificulta el acceso a beneficios, aumenta la posibilidad de enfrentar sanciones por parte de las autoridades competentes y pone en riesgo su patrimonio. REFLEXIÓN FINAL En conclusión, la formalidad no debe verse como una carga, sino como el siguiente paso natural para quienes desean construir empresas sólidas, competitivas y sostenibles. Como empresarios tenemos una responsabilidad que trasciende nuestros propios intereses. Cumplir con las obligaciones laborales y tributarias significa contribuir al bienestar de nuestros trabajadores, fortalecer la competencia leal y aportar al desarrollo económico del país. Las empresas que permanecen en la formalidad no solo generan riqueza; también construyen confianza, crean empleo de calidad y se convierten en protagonistas del crecimiento de Colombia. Instagram: vitaminasempresariales Tik Tok: @vitaminasempresariales




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