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ENTRE EL PESIMISMO Y LA REALIDAD

Estado debe mirar más el gremio del calzado

Hoy se están sintiendo el libre comercio y los artículos asiáticos



SE ha creado en el entorno de la fabricación y comercialización del calzado, un pesimismo de tal naturaleza que pareciera estar “in crescendo”, especialmente cuando se escuchan conversaciones entre los actores principales de la producción, que dicen que la connotación de crisis parece incontrovertible. Por ser un elemento de análisis de mucha importancia, toda vez que permea la mentalidad del gremio, es que tratamos de buscar el porqué de esa situación. Veo necesario reiterar o, mejor, recordar algo de nuestra historia y remontarnos a los años en que entran con todo su rigor los Tratados de Libre Comercio. Esos tratados, que se vendieron como panacea para resolver nuestros problemas, terminaron en fracaso, dando como resultado la decadencia de la industria nacional y el empobrecimiento del empleo. El ingreso de calzado asiático de baja calidad y precios subnormales fueron un freno para la producción del país, al no poder competir en franca lid, como dicen en el argot deportivo. Resultado de lo anterior se indujo al sector productivo a desmejorar la calidad de la materia prima para poder permanecer en el mercado. Ante ello, también la calidad del calzado elaborado desmejoró notablemente. Un solo ejemplo bastaría para aseverar lo anterior: la dificultad para conseguir cueros excelentes. Ante el impacto de la presencia de las importaciones asiáticas seguramente no se buscaron, por parte del gremio, respuestas adecuadas que pudieran contrarrestar la fuerza impetuosa de la comercialización china en especial. Tampoco se ha entendido tal vez que el mercado global no es estático, que las nuevas tecnologías nos imponen derroteros y que cuando no nos preparamos lo suficiente los resultados serán negativos.

Entiendo que esta actividad no solo corresponde a nuestros industriales; es, por supuesto, obligación del Estado el acompañamiento y las directrices nuevas a desarrollar. Lamentablemente lo que se puede observar es que esta relación es muy pobre.

Hasta aquí toco puntos que han podido incidir en la decadencia de nuestra industria.

Surgen paralelamente otras preguntas y otras respuestas. ¿Es nuestra industria tan débil como para encender las alarmas? No sé si el DANE tiene datos confiables sobre el número de fábricas formalizadas en Bogotá que produzcan calzado en cuero de gran calidad, o si existen datos sobre la población de microempresarios, datos que deben ser importantísimos para revelar con más acierto el funcionamiento de estos dos sectores de la población.

En este corto artículo pretendemos encontrar explicaciones más sólidas sobre las llamadas microempresas, por ser ellas las que nutren en mayor medida el comercio de la ciudad y del país, pues es ahí, precisamente, donde impera el pesimismo.

Como lo expresé anteriormente, la presencia del Estado en este ámbito ha sido nula, existe un desprecio hacia una industria que en anteriores épocas abastecía el mercado nacional. Bajo estos términos nuestros titanes huérfanos de apoyo, tienen que abrirse paso por sí solos y, junto a este hecho, la comercialización de estos productos tiene que someterse muchas veces al injusto trato de sus clientes, que presionan al proveedor en busca de precios bajos y plazos amplios para pago de las facturas.

El resultado de ello, ganancias precarias, insuficientes para, a la vez, mejorar los salarios de sus trabajadores. Este hecho latente nos muestra por qué el desaliento para continuar en el mercado, y para los obreros el reto para encontrar en otros oficios los ingresos suficientes para subsistir.

¿Si el Estado conoce la fragilidad de las pequeñas y medianas empresas, qué políticas desarrolla para propiciar condiciones que las fortalezcan y de paso el mejoramiento laboral? Existe alguna política en torno a la formación de los trabajadores que, seguramente, con ayudas tipo subsidios, podrían ingresar ya capacitados, con nuevos conocimientos, a mejorar los procesos productivos.

Recordemos finalmente que hay un problema mayúsculo por la deserción de obreros, y sin el aporte de ellos es imposible que esta actividad tan querida siga vigente.

Por todo lo anterior es que clamamos ante el Estado para que se apropie de las dificultades del gremio.

Si la miopía de los gobiernos de turno no se modifica, tendremos que someternos al mercado foráneo.

*El autor de este análisis es, además de productor, comercializador de zapatos en puro cuero. Durante muchos años ha mantenido en pie Calzado Póntelos, una marca que le da identidad al sistema moda de Colombia.

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